
Aquí se describe los reinos e imperios erên de Occidente como “geografía viva del poder, la disputa y la memoria”. El texto se encuadra con una carta de Adrian de Krenastán (1660 d.G.M.), que lega a su hijo los manuscritos de su Naskarat (Gran Viaje). A continuación, se presenta el Brundir occidental como mosaico de naciones, con el Imperio de Nóncar como coloso expansionista y eje de tensiones, y se enumeran los territorios principales y futuras expansiones.
“Termino de escribir estas páginas hacia el año 1660 después de la Gran Migración. Un año atrás, por esta época de lluvias, retornaba por fin a los valles verdes de nuestra amada Olavia. Finalizaba por entonces mi Naskarat o Gran Viaje que, como todo olavo que se precie de salvaguardar la tradición, yo hube de realizar. En breve llegará la aurora y partiré con mi acero, seguiré, unido al resto, a Karam de Valgoroth, nuestro Alto Drac, hacia la batalla. Combatiremos por nuestra tierra sagrada y por lo que es justo. Hasta que vuelva, y aunque sé hijo mío que aún lees con dificultades, te dejo estos manuscritos amarillos. Consérvalos como si de un preciado tesoro se tratase, pues en ellos cuento sobre todos los reinos que visité durante el Naskarat. Antes de morir, y legarme la responsabilidad de la familia, mi padre, tu abuelo, me avisó que cada reino y cada tierra tiene, como cada ser humano, un espíritu y alma propios. Espero que mi mirada haya sido lo suficientemente profunda para distinguir esos secretos propios. A continuación, te escribo, hijo mío, para iluminar todos los paisajes que pisaron las botas de tu padre”.
“Un saludo olavo. Adrian de Krenastan.”
Son la geografía viva del poder, la disputa y la memoria
El Brundir occidental no es una simple colección de territorios: es un mosaico de naciones antiguas, forjadas en sangre, tratados, traiciones y alianzas efímeras. Cada reino ha marcado el destino del continente, y cada uno sigue luchando —abiertamente o en silencio— por dominar la vasta mesa donde se reparte el poder.
En el centro de estas tensiones se alza el Imperio de Nóncar, un gigante expansionista cuya ambición ha moldeado la historia. Durante siglos, sus emperadores han intentado extender sus fronteras, ya sea por la vía diplomática, por el filo de la espada o por el susurro de sus agentes. Sus vecinos lo temen, lo detestan o lo usan como contrapeso, pero jamás lo ignoran. Frente a Nóncar, el resto del Brundir occidental resiste, negocia, retrocede y avanza, como piezas de un tablero en perpetuo movimiento. Cada reino es un mundo, cada nación una memoria viva, y cada territorio una sombra proyectada sobre el siguiente. Los nombres que siguen no son simples topónimos: son actores históricos, fuerzas políticas, culturas enteras que han marcado la identidad del Occidente.