“Somos libres ante todos y nadie nos somete”.
Territorio situado en el Brundir occidental, colinda por el este con Róthur y por el oeste con Olavia. De tradición feudal y marcada identidad independentista, Ársarack nunca ha aspirado a convertirse en un imperio ni a someter a otros pueblos: su fuerza reside en la resistencia, en su espíritu independiente, en la cohesión interna y la fidelidad a unas costumbres ancestrales.
Asentado en el Brundir occidental, cuyos habitantes descienden de la etnia extinta de los Arnoritas, un linaje antiguo con una probabilidad especialmente alta de manifestar rasgos Ancestralis. Aunque esa herencia se ha ido diluyendo con los siglos, todavía se percibe en la fortaleza física, la resistencia al esfuerzo y el carácter indómito de su pueblo, consciente de portar una sangre singular.
Por su posición y su historia, Ársarack es un territorio de contacto. Sus gentes dominan el Barbarum, el Rothúreo y el Noncarí (imperia), reflejo tanto de su origen híbrido como de la necesidad constante de tratar —y resistir— frente a potencias vecinas sin perder identidad propia. La capital del reino es Arcéltica, centro político, religioso y militar. Desde ella gobierna el rey, apoyado por un Consejo de Göres, compuesto por los principales señores feudales del territorio, que actúan como ministros y garantes del equilibrio interno.
El sistema político es deliberadamente descentralizado: cada Gör gobierna su señorío con amplias competencias, siempre que mantenga la lealtad a la Corona y cumpla con los juramentos de auxilio militar. La nobleza feudal se encuentra de esta manera sometida o pactada bajo la autoridad real, en un sistema que combina firmeza y consenso. El juramento al rey es absoluto, y su ruptura no admite ambigüedades.
Este modelo ha dado lugar a una red de pequeños dominios, ricos en orgullo, ardor y sentido del deber. Así, los Malverian, encarnan el espíritu de una monarquía feudal y una vida sencilla, campestre y funcional, donde el prestigio se gana en el campo de caza o en la guerra, no en el fasto.
Así, el reino avanza gobernado por la dinastía Malverian desde hace más de docientos años. Una casa que ha sabido mantener este equilibrio entre la autoridad real y la autonomía de los Göres. La economía del reino se articula en torno a una moneda propia, el Elarsack, acuñado en oro, plata o cobre, con un peso estándar de ochenta gramos. Esta moneda convive con prácticas de trueque, favores y ayudas mutuas profundamente arraigadas en la vida cotidiana, herencia directa de tradiciones anteriores a la formación del propio reino.
La caza posee en Ársarack un carácter sagrado, especialmente a través del ritual del Ormor, una ceremonia ancestral en la que la muerte del animal no es solo sustento, sino ofrenda y prueba de valía. De esta tradición nace una cultura profundamente ligada al arco y a la ballesta. Los arsarackianos son célebres en todo Occidente como arqueros de élite, formados en la AMBAR —Academia Militar de Ballesteros y Arqueros de Arcéltica, la capital del reino—, institución que combina disciplina militar, técnica de tiro y formación espiritual.
Por eso su ejército, aunque reducido en número, es sólido y temido. La infantería cumple con solvencia,mientras que sus arqueros han dado fama al reino: disciplinados, precisos y capaces de decidir una batalla antes de que el enemigo alcance siquiera la línea de choque. En Occidente se dice que, cuando los arqueros de Ársarack tensan el arco, la guerra ya ha empezado… y casi siempre ha terminado.