“Sirve a la familia y a tí mismo”
Montealbán se sitúa al sur del Brundir occidental, ocupando una posición estratégica entre potencias mayores y enemigos históricos. Limita al norte y al este con su hermano mayor Anur, del que ha sido aliado incondicional desde siempre, y comparte fronteras con Ársarack, Rothur y, de manera especialmente conflictiva, con Montemar, su antagonista secular. Esta ubicación ha marcado profundamente su carácter político, militar y cultural: Montealbán ha aprendido a sobrevivir y prosperar no tanto por la fuerza bruta, sino por la inteligencia, la disciplina y la cercanía calculada al poder.
El idioma nativo de Montealbán es el anurí, aunque presenta modismos propios y un léxico ligeramente diferenciado que los montealbaneses consideran más preciso. Esta lengua común refuerza su vínculo con Anur y subraya su voluntad de pertenecer al eje cultural dominante del Brundir occidental.
El territorio se divide en cinco grandes principados (también llamadas dussinos) —Mercuzzi, Barandino, Olarno, Brendissi y Scolarí—, cada una gobernada por un Condestable o príncipe/esa perteneciente a una de las cinco familias rectoras. Cada diez años, uno de estos condestables es elegido entre sus iguales para asumir el título de Dussino/a de Montealbán o Alto dussino/a. Este gobierna como primus inter pares, concentrando el poder ejecutivo y representando al reino en el exterior, sin anular por completo la autonomía de las otras casas.
El Alto Dussino reside en la capital, Albaria, desde el palacio Marmerí, conocido popularmente como El Esplendor. El nombre no es exagerado: sus galerías interiores, profusamente decoradas con estatuas, frescos, tapices, espejos y obras de arte traídas de todo Occidente, lo convierten en uno de los palacios más bellamente ornamentados del Brundir occidental. El Marmerí no es solo sede de gobierno, sino una declaración de intenciones: Montealbán gobierna mostrando cultura, orden y grandeza estética.
La población montealbanesa procede mayoritariamente de la estirpe Bell-Altaer, con una presencia menor de Elban. La probabilidad de nacimientos Ancestralis es mínima, en torno al 0,1 %.
En lo social y cultural, los montealbaneses se mueven en un delicado equilibrio entre lo limitadamente exagerado y lo estrictamente castrense. Se conciben a sí mismos como una nación de humanos cultivados y disciplinados. Son menos cortesanos que los anuríes, pero más formales y contenidos que sus vecinos montemarinos. El ciudadano medio es culto: sabe leer y escribir, maneja varios idiomas y posee una educación básica en arte, literatura y otras disciplinas consideradas esenciales para un individuo civilizado. Esta formación generalizada alimenta una percepción de superioridad hacia Montemar, a cuyos habitantes ven como incultos, rudos y carentes de sensibilidad estética; un juicio no del todo infundado si se compara el nivel medio de alfabetización y educación entre ambos reinos.
La religión oficial de Montealbán es la bramelomita en su rama elomita. La fe se practica de forma estructurada, sobria y poco supersticiosa, muy alejada de los excesos populares o animistas de otros territorios. En este marco religioso, hombres y mujeres gozan de los mismos derechos y obligaciones legales, y ambos pueden acceder sin restricción a cargos de poder, gobierno o mando militar. Esta igualdad, sin embargo, no elimina el fuerte clasismo del reino: la cuna, la familia y la posición social siguen siendo determinantes en la vida pública y privada.
Montealbán se percibe a sí misma como una nación civilizada, disciplinada y consciente de su lugar en el mundo. No presume de pasión ni de arrebatos; presume de cálculo, cultura y cercanía al poder. Donde Montemar grita, Montealbán susurra. Donde otros levantan espadas, Montealbán firma acuerdos. Y en ese arte silencioso de sobrevivir junto a los grandes, ha construido su identidad.