Según el cómputo temporal humano, Armós se organiza en cuatro eras. La Era de la Armonía y la Era del Surgimiento se subdividen en edades, cada una marcada por eventos fundacionales, migraciones, invasiones, reformas religiosas y el auge y caída de imperios como Nóncar.
Es una era en la que no existe el tiempo. Los erên o seres humanos no conocen nada de esta era, salvo la leyenda Germinia, que afirma que Armós destinó un tiempo sin tiempo a crear el Reino de los Cielos, sus Narahil o hijos de Armós, a sus ángelus, dracall y otras figuras divinas.
Es un tiempo que comienza con la creación del mundo por parte de Armós y sus cohortes. Según la leyenda, la creación tuvo lugar cuando Armós afirmó que debía crear algo sublime que todavía no había sido creado, algo único y desafiante: la vida. Por eso, para albergar la vida, plantó la semilla del mundo que serían las Tierras de Armós. Con la germinación de dicha semilla, se creó el tiempo y el espacio, la materia y todo lo que contiene.
La creación de las Tierras de Armós fue un período de tiempo de millones de años; los erên o seres humanos calculan unos 3500 millones de años. Cada fase de la creación se divide en ciclos de unos 700 millones de años. Cinco en total:
Se dice que posee un tiempo de unos 550.000 años, durante los cuales las Tierras de Armós son pobladas por una multitud de especies inteligentes (razas). Actualmente, esto se cree que solo son leyendas. Por contra, se cree que, en torno al 250.000, los primitivos seres humanos se asientan y se expanden en las tierras frías (el norte y el sur de las Tierras de Armós, territorio actual conocido como las Tierras Baldías Septentrionales y Meridionales, respectivamente). Allí no pasan de ser grupos nómadas que viven en cuevas y buscan caza.
Esta edad está dividida en 30 partes o períodos numerados (1, 2, 3…) de 10.000 años. Armós, habiendo creado ya todas las razas, cede la soberanía del universo a sus hijos, los Narahil, y se retira al sueño eterno. Esto pondrá de relieve las diferencias entre los hijos de Armós, pues una parte de ellos desea crear su propia raza (los erên o humanos) y otra parte cree que esta raza terminará por destruir la obra de su padre Armós. Se produce la Gran Guerra entre los Narahil por el control del universo. Finalmente, la raza humana es creada en torno al 250.000. Con su conclusión se inicia la Edad de Alumbria.
Esta edad está dividida en 10 partes o períodos numerados (1, 2, 3…) de 10.000 años. Primeras poblaciones humanas nómadas que luchan por territorios de caza. Viven en refugios naturales, como cuevas, y tienen una cultura puramente lítica.
Esta edad está dividida en 10 partes o períodos numerados (1, 2, 3…) de 10.000 años. Se desarrollan tribus más complejas y se desarrolla el idioma. Se crean instrumentos rudimentarios basados en la piedra y, en torno al 70.000, aparecen ya herramientas de bronce y hierro. Al alcanzar los 50.000, los humanos son capaces de crear túmulos, curtir pieles y cocinar la carne que cazan.
Las poblaciones en tribus se convierten en pueblos sedentarios. En torno al 8000 se producen las primeras manifestaciones escritas, prímero códigos y leyendas de cada pueblo.
Los humanos comienzan a conformar diferentes territorios organizados, pero de pequeño tamaño. Ninguna de ellas sobrevive más allá de unos siglos. Aparecen y desaparecen constantemente, mientras la mayoría se mantiene en pequeñas comunidades y tribus. El año 1 es el año 1 a.M.
Abarca toda la historia humana conocida en las Tierras de Armós. A partir del año 1 se inicia una migración masiva desde las Tierras Baldías hacia Brulia (continente norte), Maraón (continente sur) y la Península Batávica (continente oriental sur). Esta era se divide en edades. A partir de aquí se van a ir estableciendo reinos, dinastías, democracias y formas de gobierno y estado diferentes: tiranías, oligarquías, etc.
En Occidente Norte se dividirán las Tierras Bárbaras, conformándose las grandes etnias (Varsitas, Mirsos, Zortanos, Tarmenios). De ellos surgirán, en el sur, Olavia y, en las Tierras del Aeternum (cordillera), los Valanos. En el extremo este, las tribus bárbaras de allí darán origen a Ogol. En Occidente surgirá y decaerá en dos ocasiones el Imperio noncarino. Surgirá el reino de Rothuaria, que terminará siendo Rothur. La Confederación de la Heladia y Lacedemón se conformarán como las primeras democracias.
En el Medio Este surgirá el Imperio Manhotep, del que luego se dividirá en tres grandes imperios (Bersita, Krushita, Gizeh), así como Balsir y Beldagor. En Oriente se conformarán imperios y reinos pequeños como Siapan o Tan Pan; medios como Okir; y el imperio más próspero de aquellas tierras, el Gran Tan Xiu, o el Imperio Queronita. En las tierras del sur se darán culturas de muchos tipos, desde reinos pequeños como Babasia hasta la gran Asurpal Alem o Khaniria. Con cada edad nueva de la Era del Surgimiento se comienza un nuevo tiempo contando desde cero.
En el año 1 se da una migración gigantesca de toda la raza humana desde el norte y desde el sur hacia zonas más templadas. Se comienzan a dar los primeros asentamientos. Durante estos tres milenios no se conocen territorios propiamente dichos con sus fronteras, sino más bien un amasijo de tierras con dueños (el más fuerte, generalmente) y constantes conflictos. Durante este período, los pueblos están en una absoluta ignorancia, la superstición, y emanan divinidades por doquier, algunas basadas en la naturaleza y otras en supersticiones emanadas del miedo a lo desconocido. Se conforman territorios de los que surgirán los actuales estados por procesos de creación, colapso, guerras, etc. En el año 3552 surge la primera invasión zortana y midsa (tribus bárbaras del norte) hacia las pequeñas poblaciones sureñas, reinos de pequeña dimensión.
La invasión bárbara es frenada en la batalla de Borbogón por una coalición de reinos sureños llamada Liga Uralia, que tiene como nexo la religión arcaica de Bram y Elom. Ambas, que ya se habían ido extendiendo a finales de la edad anterior desde la lejana región de Lum, se consolidan como dos religiones cercanas pero diferentes: Bram y Elom.
Algunos reinos norteños, bárbaros en su origen, se unen y separan de las etnias bárbaras para conformar Olavia en el 23, Valania en el 59 y las Tierras del Mid en el año 63. Se conforman los primeros condados y reinos extensos con administración y leyes, como el Condado de Thuralia (95), al mando de la dinastía Darkaris, que regirá hasta la fundación de Rothuaria (350), cuando el rey Godofredo Darkaris se corona rey en una pugna contra sus primos.
También surge el primer reino noncarino, llamado Nor (103), que llegará a controlar a los duques arcaicos de Ismail (Dumail 105), Galagnan (Gugnan 107), Grenouille (Nouille 109) y Alanquer (Querithia 110), parte de las rutas del sur, así como Galvanor (Navania 150). Ambos tomarán la religión bramita y elomita como oficiales. Comienza a conformarse las grandes rutas comerciales dentro del gran imperio Nanir (320), el actual cordón de los Caliba-Han, así como las rutas fluviales y marítimas del Mar Interior. En este sentido se desarrolla la Confederación Heladia y Lacedemón. Las religiones comienzan a establecerse y conformar sus propias jerarquías y castas. En el 850 surge el primer Imperio de Nóncar y se produce la segunda invasión bárbara, esta vez zortanos, midsos y tarmenios.
Rothuaria (antiguo Rothur) hace frente a las segundas invasiones de las tribus bárbaras y frena el avance del imperio en el año 5. Los Darkaris ceden el testigo a la dinastía Kadarian. Esta reinará Rothuaria hasta el 553, donde terminará siendo depuesta por un golpe de estado militar que desmembrará Rothuaria en muchos conde-ducados independientes, conformados en dos ligas: la Liga de Kaladrian y la Liga de los Grenburgo.
No obstante, a este golpe de estado sobrevivirá, por medio de Adele Kadarian, la estirpe real que se quedará como casa principesca en el territorio llamado Rothurnir y cuya capital será Oskran: ciudad que ya existía antes, pero que ahora cobrará importancia.
Por otro lado, desde el año 850 de la edad anterior se había establecido Nóncar, adhiriéndose a Délinor y Galvanor. Se extiende la Iglesia de Bram y Elom por todo Occidente y, en 237, se firma la bula Unitis, donde se establece la unión definitiva de una única Iglesia que recaerá en el primer Santo Padre: Balfredo de Mienskir.
El escollo que parecía insalvable para los elomitas es que las mujeres sacerdotisas deberían poder ser Santas Madres. Los bramitas no cederán en esto, aludiendo que debería discutirse en fases posteriores. Aun así, aceptarán que las sacerdotisas de Elom puedan ofrecer el rito dentro de cualquier territorio bramita y serán consideradas al mismo nivel que el sacerdocio masculino bramita. Desde entonces, las sacerdotisas de Elom pueden llegar a los más altos rangos eclesiásticos, pero no ser Santa Madre. La discusión sobre este punto todavía no está cerrada.
Se conforman Anur, Montemar, Montealbán y los países condotieros o la Tríada desde el 53. En 1033, tras más de un milenio, el Imperio de Nóncar, que ha sido gobernado por la dinastía Istralia y sus derivadas, se disuelve y sus dominios quedan en sus propios territorios, liberando a gran parte de Occidente. En 1033 tiene lugar la cruzada de Ural, llamada así en honor a la primera coalición que detuvo las invasiones bárbaras. En esta ocasión, un grupo de reinos del norte (Tierras del Mid, ligas de conde-ducados, Rothurnir, Arsharask) entra en territorio bárbaro y lo conquista para asentarse.
Los reinos se conforman hasta la actualidad. El reino de Nanir del Caliba-Han se descompone y se generan reinos independientes que gestarán el gran Imperio Baamir en el 750. Este verá su total disolución en el 1120.
Rothurnir, al mando de su nuevo conde-duquesa Mara Kaderis, sueña con refundar Rothuaria. Desde el 1025 comienza a someter, a veces por pacto y otras militarmente, a las dos ligas de conde-ducados. Finalmente, Valian Kaderis, gracias al apoyo del gran ducado de los Valuan, termina por imponer el poder absoluto sobre los conde-ducados un siglo y medio después al nombrarse rey de Rothur (1175), tomando Dan Kadar como apellido. Se culmina así el sueño cumplido de ver unido todo el territorio bajo una bandera. Muere en el 1182, en la batalla de Volgorian, tras frenar una invasión bárbara del norte con un ejército tres veces inferior en número.
Durante esta etapa también se gesta el Segundo Imperio de Nóncar: es cruzado por cuatro dinastías y cruza diez siglos. 650–800, dinastía Valoris; 800–915, los Rosabrune; 915–1101, los Meloponte; y 1101–1645, los Arián. La autoridad de Nóncar se impuso rápidamente al resto de Occidente Norte, creando así el más grande imperio que se haya conocido jamás. Las fronteras noncarinas se extendieron hasta el fin de las Tierras, subyugando a innumerables pueblos, dominados y gobernados con riguroso guante de acero. Absorbidos y dominados por el terror y el despotismo del Imperio, la mayoría se vio obligada a colaborar con Nóncar y a aceptar su superioridad.
El Reino de Rothur capitaneó durante años una resistencia pasiva al Imperio. La dinastía real Dan Kadar era la esperanza de muchos. En Nóncar se debatió largamente que hacer: pactos de matrimonio,alianzas o la guerra. Sin emabrgo El emperador sabía que una guerra contra Rothur solo sería una aniquilación mutua, sobretodo ante un ejercito tan disciplinado y poderoso como el rothureo: La Invictoris. Así se gestó el engaño, uno que cogió desprevenido a Rothur y a sus defensas, uno que conduciría de manera inevitable a la derrota: la batalla de Dumbría. Esta marcó el destino del reino, enfrentando a las fuerzas del emperador Arian de Arian con las del rey Gunther Dan Kadar de Rothur. En aquella batalla, que decidió el destino de Occidente, Rothur cayó y fue masacrado. Se disipó así la esperanza de un mundo diferente. A excepción del territorio de Olavia y las Tierras Bárbaras —cuya conquista, para Arian, supondría haber debilitado excesivamente el Imperio—, Nóncar sometió a absolutamente todos los reinos. Nada ni nadie pudo rebelarse al Imperio, a su emperador Arian y a su consejera imperial, Saliria.