Ocho archiduques sostienen el valle; un valandir lo convierte en espada.
En Valania gobierna una aristocracia guerrera formada por ocho archiduques, cada uno dueño de uno de los ocho archiducados del reino y reconocido con rango principesco. Por encima de todos ellos se alza el Valandir, señor supremo de Valania, comandante de sus ejércitos y dueño último de todas sus tierras.
El Valandir es elegido de forma vitalicia por los ocho archiduques —Dorendorff, Fellner, Klausendorff, Kidirian, Golgorain, Kurgen, Meztler y Waas— y, una vez coronado en el Trono de Valan, su autoridad se vuelve absoluta. Todos los nobles del reino, incluidos los archiduques, le juran obediencia, convirtiéndolo en la figura que unifica el poder militar y político de la nación.
Los valanos descienden de antiguas tribus bárbaras asentadas en los valles del Aeternum y veneran a un único dios: Valan. Su sociedad está profundamente militarizada y cada ciudadano es educado desde la infancia en el valor, la disciplina y la defensa del reino.
La vida en Valania se rige por el Código Brundiria, una tradición que descansa sobre cuatro pilares fundamentales: Valania, la palabra dada, la familia y Dios. En los estratos más bajos de la sociedad se encuentran los valanos comunes, gente sencilla y profundamente creyente, pero todos ellos hombres y mujeres libres. En el reino existen principalmente dos caminos de vida: el militar, encabezado por la nobleza —los llamados Señores o Pares, vinculados a un archiduque—, o la vida de campesinos y ganaderos libres que trabajan los valles de la cordillera.
La ganadería, la agricultura de montaña, los talleres artesanales, el ejército y el cuerpo diplomático constituyen así las ocupaciones principales del reino. El ejército valano es considerado uno de los mejor preparados del mundo conocido. Sus soldados combaten con armaduras pesadas, grandes armas y un valor forjado durante toda una vida de entrenamiento. Desde la infancia se les educa para morir en batalla si es necesario. Sin embargo, la nobleza valana dista mucho de ser ruda o ignorante. Su misión sagrada es proteger al reino y a su linaje, por lo que sus miembros reciben una educación completa que combina el arte de la guerra con la diplomacia y la política exterior.
Los nobles valanos buscan constantemente acuerdos y alianzas que beneficien al reino y al Valandir. En la corte se reúnen con frecuencia para debatir mejoras militares, nuevas tácticas, incursiones estratégicas o formas de estrechar relaciones con otros estados.
Gran prestigio posee la Escuela Diplomática de Valandir, la capital del reino. Por influencia de Olavia, además, las mujeres en Valania disfrutan de las mismas libertades que los hombres, algo poco común en muchas regiones del continente.
Curiosamente, a pesar de su habilidad diplomática, en Valania apenas existen embajadores extranjeros. Son los propios valanos quienes mantienen delegaciones fuera del reino, conscientes de que los pasos del Aeternum quedan cerrados durante buena parte del año. Por ello mantienen embajadas en numerosos países cercanos, especialmente en Róthur, Olavia, Ársarack, Anur, la Tríada del Águila, Montemar, Montealbán, Délinor y Gálvanor.
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