La montaña encierra a Enar: la fe juzga, y el miedo ejecuta.
Si Valania representa disciplina y orden, Enar es su contraste más oscuro. Encerrado entre montañas y protegido por enormes murallas de piedra, este pequeño reino parece vivir atrapado en una edad sin tiempo. Su sociedad está dominada por la superstición, el aislamiento y una profunda devoción a Bram.
El poder político recae en el Gran Capitán/a, sea hombre o mujer (la mayor de las veces un hombre), también llamado Derenar, señor de las cumbres. La dinastía de los Otonian gobierna sobre los Nar, o condes/as, más de quinientos señores de mayor y menor rango que se organizan en un rígido sistema feudal de vasallaje.
Estos Nar se agrupan en ocho grandes linajes territoriales, conocidos en Enar como blasones:
Aunque todos estos linajes reconocen la autoridad del Derenar, el equilibrio político del reino es delicado. El Gran Capitán/a posee suficiente poder militar como para desplazar o someter a cualquier señor rebelde, pero difícilmente podría imponerse si todos los blasones se unieran contra él.
Enar es un territorio inexpugnable, pero también profundamente conservador. Sus tradiciones están ancladas en el pasado y su estructura social es dura, especialmente para las mujeres, que permanecen sometidas al marido, al padre o al hermano. Solo las viudas o aquellas que han perdido sus vínculos familiares pueden considerarse verdaderamente libres.
La vida cotidiana está marcada por la religión. Cada día se reza tres veces por la noche y tres al amanecer y al atardecer, pues se cree que solo la moral de Bram puede salvar a las gentes de Enar.
Las leyes son severas y la superstición impregna todos los aspectos de la vida. Cualquiera puede ser acusado de brujería o de herejía llegada del sur. Cuando ocurre, el castigo suele ser inmediato: la horca o la hoguera purifican el mal.
La curia bramelomita de Enar es conocida como Los Amados Hijos de Bram, una organización religiosa ferozmente dedicada a perseguir la herejía y cualquier otro culto. Cuentan con su propio brazo armado, los monjes guerreros de Bram, lo bastante poderoso como para rivalizar con las huestes del Derenar. Incluso otras curias del continente miran a esta organización con recelo, pues el aislamiento natural del reino les permite actuar sin apenas interferencias externas.
Durante otoño e invierno, cuando los pasos del Aeternum se cierran, Enar queda prácticamente aislada del mundo. Solo en primavera y verano vuelve a abrirse a Occidente, aunque mantiene muy pocas relaciones diplomáticas. Las únicas conexiones exteriores proceden de la propia curia y de los Amados Hermanos de Bram, que operan de forma discreta por todo el continente.
El aislamiento ha hecho de Enar una tierra pobre. Apenas existe burguesía y la nobleza es tosca e ignorante, y la curia, que acumula riquezas y conocimientos, pugna con el derenar en el control de Enar. Entre los grandes linajes y el/la Gran Capitán existe una guerra silenciosa por el control del reino. Los religiosos evitan transgredir las leyes laicas, mientras los señores temen enfrentarse abiertamente a la curia, pues una excomunión puede tener consecuencias devastadoras. El resto de nobles, incluido a los que sirven, pueden ver en esto una oportunidad para arrebatarles sus bienes.
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